El último tramo hacia San Jacinto era en un camión que se dedicaba a transportar plátanos.
Hace algunas décadas tuvo fama de ser la cuna de los mejores plátanos del país, sin embargo cuando se pudieron importar a mitad de precio la prosperidad abandonó al pueblo. La mayor parte de los varones emigraron buscando empleo, las mujeres y los ancianos se dedicaban a sembrar plátano en tierras cada vez menos fértiles para luego venderlo a la orilla de la carretera que comunica con la capital del estado.
Y llegó Filobel, el brujo.
Procedente de la capital, donde su negocio de limpias y amarres fue clausurado en múltiples ocasiones Filobel llegó al pueblo sin más equipaje que la primera televisión a color conocida en San Jacinto. El consejo de ancianos determinó por unanimidad que era un presagio de los buenos tiempos por venir.
En cierta forma tuvieron razón, hoy San Jacinto es un pintoresco poblado de dieciséis cuadras de casas (todas pintadas de blanco) , calles pavimentadas y flamantes camionetas sin matrícula. El quiosco se erige orgulloso entre adoquines rojos y jardínes impecables. Pero la razón de su prosperidad está muy lejos del ahora ornamental campesinado, se encuentra más bien allá en algún lugar de las montañas que me reciben solemnes en la noche infinita.
El brujo descubrió que el pueblo tenía una ubicación estratégica al estar cerca simultáneamente de la sierra, la selva y la costa. Las avionetas cargadas de cocaína podían llegar desde el sur hasta una pista de aterrizaje clandestina en la serranía, después la mercancía podía trasladarse en camiones a través de la selva y al final llegar a la playa siempre virgen para ser embarcada en lanchas ligeras que la llevarían hasta el norte sin ser detectadas.
Por eso San Jacinto se mantenía incomunicado pese a su bonanza económica; el brujo conoció a varios narcodetallistas mientras vivió en la capital, se hizo su amigo ofreciéndoles servicios gratis y entendió su negocio en interminables juergas. Cuando se instaló contactó de inmediato a sus antiguos clientes, juntos trazaron la ruta, arreglaron la logística, con el primer adelanto Filobel mandó pavimentar la pista, construyó una bodega por si tenían que "gotear" la mercancía y levantó una capilla donde se adora por igual a deidades africanas, santos católicos vestidos de seda, iracundos dioses precolombinos o figuras hindúes cuyo nombre nadie conoce.
¿Pero dónde exactamente está la pista?, Valdivia, nuestro soplón, no supo dar detalles. Él se encargaba exclusivamente de la transportación acuática, llegaba hasta un punto señalado de la playa y ahí lo esperaban las pacas listas para subirse a las lanchetas. El lugar exacto y la hora de entrega siempre cambiaban, además la playa estaba demasiado a la vista del pueblo, era imposible montar un operativo en ella sin alertar a los lugareños. Valdivia sabía de la pista gracias a una larga noche de alcohol con uno de los tamemes que le pidió lo transportara al norte escondido entre la mercancía.
Acabamos de atrapar al "Canelo",uno de los capos más peligrosos de la historia, compadre del brujo y potencial carta de cambio con el norte. Pero para extraditarlo necesitamos comprobar su participación en toda la cadena logística y eso no se puede lograr sin descubrir la pista de aterrizaje y echarle guante a Filobel.
Las imágenes de satélite no muestran nada relevante. La niebla es espesa, casi sólida en las cumbres de las montañas, eso imposibilita la incursión de helicópteros para peinar la zona, las avionetas deben saber de memoria los vectores de acercamiento si es que la pista está donde el contacto de Valdivia dijo.
Por eso estoy aquí , haciéndome pasar por un capitalino muy enfermo que necesita un milagro del curandero. Instalado en el pueblo buscaré la pista por cualquier medio y cuando la encuentre un ejército de federales sacarán al brujo del pueblo y lo harán declarar contra el Canelo.
El chofer del camión me despide.
-"Vaya con Dios señor".
Hace algunas décadas tuvo fama de ser la cuna de los mejores plátanos del país, sin embargo cuando se pudieron importar a mitad de precio la prosperidad abandonó al pueblo. La mayor parte de los varones emigraron buscando empleo, las mujeres y los ancianos se dedicaban a sembrar plátano en tierras cada vez menos fértiles para luego venderlo a la orilla de la carretera que comunica con la capital del estado.
Y llegó Filobel, el brujo.
Procedente de la capital, donde su negocio de limpias y amarres fue clausurado en múltiples ocasiones Filobel llegó al pueblo sin más equipaje que la primera televisión a color conocida en San Jacinto. El consejo de ancianos determinó por unanimidad que era un presagio de los buenos tiempos por venir.
En cierta forma tuvieron razón, hoy San Jacinto es un pintoresco poblado de dieciséis cuadras de casas (todas pintadas de blanco) , calles pavimentadas y flamantes camionetas sin matrícula. El quiosco se erige orgulloso entre adoquines rojos y jardínes impecables. Pero la razón de su prosperidad está muy lejos del ahora ornamental campesinado, se encuentra más bien allá en algún lugar de las montañas que me reciben solemnes en la noche infinita.
El brujo descubrió que el pueblo tenía una ubicación estratégica al estar cerca simultáneamente de la sierra, la selva y la costa. Las avionetas cargadas de cocaína podían llegar desde el sur hasta una pista de aterrizaje clandestina en la serranía, después la mercancía podía trasladarse en camiones a través de la selva y al final llegar a la playa siempre virgen para ser embarcada en lanchas ligeras que la llevarían hasta el norte sin ser detectadas.
Por eso San Jacinto se mantenía incomunicado pese a su bonanza económica; el brujo conoció a varios narcodetallistas mientras vivió en la capital, se hizo su amigo ofreciéndoles servicios gratis y entendió su negocio en interminables juergas. Cuando se instaló contactó de inmediato a sus antiguos clientes, juntos trazaron la ruta, arreglaron la logística, con el primer adelanto Filobel mandó pavimentar la pista, construyó una bodega por si tenían que "gotear" la mercancía y levantó una capilla donde se adora por igual a deidades africanas, santos católicos vestidos de seda, iracundos dioses precolombinos o figuras hindúes cuyo nombre nadie conoce.
¿Pero dónde exactamente está la pista?, Valdivia, nuestro soplón, no supo dar detalles. Él se encargaba exclusivamente de la transportación acuática, llegaba hasta un punto señalado de la playa y ahí lo esperaban las pacas listas para subirse a las lanchetas. El lugar exacto y la hora de entrega siempre cambiaban, además la playa estaba demasiado a la vista del pueblo, era imposible montar un operativo en ella sin alertar a los lugareños. Valdivia sabía de la pista gracias a una larga noche de alcohol con uno de los tamemes que le pidió lo transportara al norte escondido entre la mercancía.
Acabamos de atrapar al "Canelo",uno de los capos más peligrosos de la historia, compadre del brujo y potencial carta de cambio con el norte. Pero para extraditarlo necesitamos comprobar su participación en toda la cadena logística y eso no se puede lograr sin descubrir la pista de aterrizaje y echarle guante a Filobel.
Las imágenes de satélite no muestran nada relevante. La niebla es espesa, casi sólida en las cumbres de las montañas, eso imposibilita la incursión de helicópteros para peinar la zona, las avionetas deben saber de memoria los vectores de acercamiento si es que la pista está donde el contacto de Valdivia dijo.
Por eso estoy aquí , haciéndome pasar por un capitalino muy enfermo que necesita un milagro del curandero. Instalado en el pueblo buscaré la pista por cualquier medio y cuando la encuentre un ejército de federales sacarán al brujo del pueblo y lo harán declarar contra el Canelo.
El chofer del camión me despide.
-"Vaya con Dios señor".
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